Rafael Marín (Cádiz, 1959) es licenciado en Filología Inglesa; además de profesor de enseñanza media y traductor, es uno de los más destacado autores de la nuevas corrientes de la literatura fantástica española. Comenzó a publicar en la década de los 80, con la novela corta Nunca digas nunca buenas noches a un extraño y Lágrimas de luz aparecida en 1984, considerada la mejor novela de narración científica en España. Cristalizó en la revista Yello Kid (2001) y antes, en la monografía de Los cómics Marvel (1995). Ha cultivado la novela de aventuras, La leyenda del Navegante, Mudo de dioses, la novela juvenil El muchacho Inca, en el género con ribetes costumbristas Detective sin licencia y el pastiche holmesiano Elemental querido Chaplin. Con Juglar fue el finalista de premio Minotauro 2006. Como guionista de historietas, destaca su labor en The Inhumans, Fantastic Four, Iberia Inc, y Triada Vértice. Su personal mirada ha contado, en lo gráfico, con la complicidad de Carlos Pacheco y Rafael Fronteriz, entre otros. Ha obtenido varios premios, entre ellos se encuentran, el UPC, el Ingnotus, el Castillo-Puche y el Albacete de Novela Negra. También ha cultivado el ensayo entre los que se encuentran Harold Foster, una épica post-romántica, entre otros.
Varios escritores han cultivado la Ucronía histórica con mayor o menor fortuna, dependiendo claro está, del la época escogida por cada uno de ellos y que hace más menos apetitosas unas propuestas que otras (aquí ya entramos en el terreno de los gustos personales). Sin salirnos de nuestra geografía hay varias Ucronías que no han alcanzado la difusión que por derecho propio merecen y tienen como base su gran calidad literaria. La novela que nos ocupa es una de ellas. Es menos mediática que otras Ucronías, sí, pero de ningún modo puede considerarse una obra menor, todo lo contrario.
Para empezar, el libro en sí. Tapa dura con sobrecubierta, buen papel, una cubierta agradable al tacto y el diseño de una portada y contraportada preciosas. En el interior sus márgenes son generosos con una letra nos permite leer con agrado el texto.
Sorprende el uso del lenguaje, se agradece la inclusión de una prosa que se ajusta a la época, lo que demuestra un cuidado y un mimo por el texto que hace que la lectura, en ocasiones, adquiera ese ritmo pausado y necesario para poder disfrutarla, deleitándose con ella poco a poco, sin renunciar a dosis de viajes, duelos. Como decía las expresiones y el lenguaje empleado se acercan mucho a las del Medievo, a su cultura, a sus tradiciones y a sus religiones cristianas, islámicas y judías afloran cuando la acción tiene lugar en escenarios como Burgos, Zaragoza o Toledo.
La novela engloba una mixtura entre el género picaresco, la novela histórica y la fantasía. En Juglar se amalgama una serie de acontecimientos que nos cuenta la historia de España acompañada de episodios nacionales de otros fantásticos complementarios a éstos: Brujas árabes, mujeres demoníacas, la Santa Compañana y un largo etc. Su historia nos relata la muerte del Cid y la un desconocido Juglar requerido urgentemente por Ximena para que éste obre el milagro que devuelva a la vida a Rodrigo Díaz de Vivar. Dicho personaje cumple con su cometido y el Campeador vuelve al mundo de los vivos en el que se darán luchas fronterizas con las taifas almorávides, la guerra fratricida entre los reyes de Castilla y León, el sitio de Zamora y la muerte del rey Sancho, la jura en Santa Gadea del nuevo rey Alfonso, las desavenencias entre rey y vasallo, la hora más triste del destierro, la última batalla ganada tras su muerte… acontecimientos narrados desde un nuevo prisma fantástico prácticamente inédito.
La novela posee un ritmo pausado y se toma su tiempo para ir desgranando los acontecimientos, los comienzos de Esteban de Sopetrán conocido como Estebanillo y el posterior desarrollo de sus dotes y de cómo fue cultivando el arte de la magia, magia que cristaliza y se nos muestran en diversas situaciones, una magia arcana que muy pocos libros atesoran en su interior; la ambientación social e histórica está minuciosamente cuidada hasta el más mínimo detalle; los personajes muy bien dibujados dan por momentos la impresión de cobrar vida propia, unos actores a los que aprendemos a amar y a odiar cual si fueran personas de nuestra realidad sirviéndose de tal manera de ellos que incluso es capaz a través de éstos, de mostrarnos mitos y leyendas que dan credibilidad al retato. Los episodios en mayor o menor medida tienen su transcendencia en la historia y casi todos los personajes participan de alguna manera en el desarrollo de la historia, muchos de los pasajes que acontecen en ella son importantes otorgando a cada momento su transcendencia y que amplian un abanico de colorido al mosaico que se nos presenta en todo el desarrollo de la historia y ninguno de ellos restan ni un ápice de interés al relato.
En opinión de este humilde reseñador destacaría dos elementos de vital importancia que permiten hacer funcionar la historia, estos son, en primer lugar la gran calidad literaria de Juglar; y en segundo lugar, la verosimilitud, tanto en lo que a argumento se refiere, como respecto a la estupenda recreación histórica que envuelve a la trama, a lo que hay que añadir el formidable grado de conocimiento histórico y documental que Rafael Marín deja impreso en la obra, demostrando con este libro que no hay que recurrir a historias al otro lado de nuestras fronteras para encontrar héroes medievales que ensalcen a nuestra propia cultura y la ponga a la altura de otras naciones. Nuestras raíces, tan profundas y vivas como las anglosajonas o las nórdicas, contienen suficientes elementos para edificar novelas de calidad sin tener que ubicar las historias en tierras lejanas.
Juglar es una maravillosa recreación del Siglo XI español, en sus páginas encontramos personajes de nuestro propio bagaje histórico: desde la siniestra Doña Urraca, Al-Mansur, hasta un Bellido Dolfos. En definitiva, estamos ante una novela magníficamente bien escrita que no se alarga más de lo necesario y cuyo número de páginas (300) da lugar a una historia sobresaliente, permitiéndonos disfrutar de un relato que se lee con enorme deleite.
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Disfruté mucho con la historia que Rafael nos cuenta. El texto es de gran nivel, despierta el interés y permite que no caigamos en el aburrimiento, la recreación de la época es sencillamente excepcional y los personajes te hacen involucrarte desde el primer momento en la historia. Hay en este libro lugar para la tranquilidad, los duelos, el terror, la picaresca, los viajes y sobre todo ello sobrevuela nuestra Historia.
Acabada la lectura de Juglar me quedé con ganas de saber más sobre esta fascinante historia. Un libro francamente bueno.
Salu2
Hola Juan:
Gracias por pasarte por aquí. En mi humilde opinión es un magnífico libro que gustará tanto a los aficionados a la fantasía como a los amantes de una historia magistralmente ambientada en el siglo XI.
Saludos