Ante nosotros tenemos una ópera prima. El autor, Teo Palacios (Sevilla, 1970), cuya formación abarca el Marketing y el diseño, trabajador que ha desarrollado su labor profesional como jefe de sección, director y subdirector regional en varias empresas, nos presenta su contribución a la novela histórica en la forma de un gran fresco entorno a la nacimiento de Esparta, en el que desarrolla, como los pueblos que vivían, luchaban y morían por ir adquiriendo nuevas tierras para anexionarlas a su pueblo y de este modo enriquecerlo, así como la instauración de un nuevo orden político, el que haría de los espartiatas los guerreros más temidos de toda la Hélade, eran tiempos en los que se cohabitaban diversas potencias, pueblos y pequeñas aldeas, que se agrupaban, competían, luchaban e incluso se iniciaban revueltas en la que los ilotas reclamaban sus derechos como ciudadanos, se construían alianzas para derrocar al temido enemigo: el mesenio, entre otros muchos pueblos como los argivos. Si es cierto que la grandeza de un pueblo se mide por la grandeza de sus enemigos, la Esparta arcaica supo sobreponerse a esos potenciales enemigos y adversidades, tanto en el terreno sociocultural como en la enorme cantidad de enemigos que quisieron acabar con una ciudad emergente que terminaría con el paso del tiempo por consolidarse como una de las ciudades más importantes de Grecia.
La narración posee dos líneas argumentales que se van alternando durante de su primera mitad, donde las batallas y determinados cambios políticos que constituyen el marco histórico quedan un tanto eclipsados frente a la edificación narrativa elaborada alrededor de familia Teopompo y, en especial, la de sus hijos, el primogénito Anaxándridas, Arquídamo y Ofira. Entorno a éstos teje una excelente historia en la que se narra su crecimiento en un ambiente familiar y su posterior ingreso en el reciente sistema instaurado: la agogé, por medio del cual los niños varones aprendían especialmente a formarse como guerreros. Toda esta parte es simplemente un reconstrucción sensacional del proceso de instrucción y la época donde afloran, el odio, la rabia, la rebeldía, la envidia, la mentira, el robo, la muerte, pero también la camaradería, la amistad y el amor que se desprende de Tira, la mujer de Teopompo, hacia sus descendientes. Esta primera mitad resulta muy bien ensamblada, escrita con claridad, alejada por completo tanto de barroquismo como de la inclusión de terminología y erudición que en ocasiones terminan lastrando la narración y no pierde en ningún momento el orden. Sin embargo, durante su segunda mitad, los sucesos narrados van dando la impresión de estar inconexos con mayor frecuencia a medida que avanzamos en su lectura y casi terminan por convertirse en un conjunto de datos históricos con una escasa ligazón de los hechos, lastrando el texto que se evidencia en la falta de fluidez narrativa a lo que hay que sumar la pérdida de peso de algunos personajes.
Hay un elemento que el autor ha desaprovechado, y que resulta una excelente oportunidad para haber desarrollado, todavía más, la vida de una figura tan polémica como la de Arquidamo, que termina desapareciendo de la narración y entorno al que podría haber aprovechado para fabular, un hueco histórico inmejorable para ofrecer al lector una nueva perspectiva, una posible ficción histórica con la que cautivar al lector sobre el personaje que acapara buena parte de nuestra atención y nos brinda magníficas escenas.
En Hijos de Heracles el lenguaje es ágil, los diálogos son correctos, los términos griegos utilizados para crear ambiente (hay notas a pie de página que nos ayudan a ponernos al día) en ningún momento se nos hacen cargantes. La ambientación de la época arcaica, durante la diarquía de Teopompo y Polidoro, nos enseña muchísimo sobre la forma de vida, las costumbres, los usos, las creencias, los ritos y ceremonias que tanta importancia tienen en la narración, el gobierno imperante y la sociedad del momento que se vio trastocada después de los cambios socioculturales que serían muy importantes para el futuro de Esparta.
Pese a sus deficiencias no cabe duda de que Teo Palacios ha elegido un marco histórico sobre la que los datos son escasos, y ha trabajado en el terreno de la documentación para confeccionar una novela sobre la Esparta arcaica. Estamos pues, ante una novela que será sumamente instructiva para el lector que no haya leído nada acerca las instituciones y la Agogé de Esparta. Para los conocedores de éstas constituirá una lectura con una excelente recreación histórica plagada de numerosos sucesos interesantes.
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No he leído todavía esa novela, pero creo que has hecho una reseña muy interesante. La tendré en cuenta. Besos.