Sobre una plataforma, a lo largo de una pared horadada de aspilleras, aguardaban en semicírculo veintisiete jóvenes kanes, hijos de los señores de Gur, de Gazna, de Balk, de Bamian, de Temez y de otras regiones. El sha mantenía en su palacio como rehenes, bajo extricta vigilancia a estos jovenes y muchachitos, para que sus padres, kanes feudales, no enarbolaran el estandarte de la revuelta. Todos los jóvenes llevaban en sus manos tambores y tamboriles adornados con cascabeles.
En el mismo lugar se encontraban músicos con largas trompetas, oboes, címbalos. A cierta distancia se hallaban algunos comandantes en jefe de las tropas de Karezm.
A la aparición de, todos exclamaron:
-¡Larga vida al invencible Padisha, defensor de la fe, terror de los paganos!
El sha paseó sobre todos una mirada apagada.
-¿Dónde está Timur-Melik?
-Aquí estoy, señor.
El gran Timur-Melik, jovial, compañero fiel de Mohammed en sus campañas, se adelantó, llevando de la mano a dos muchachitos: uno era el hijo más joven de sha, tenido de su última esposa, una princesa cumana, el otro, su nieto, hijo de Djelal ed-Din y de una turcomana. Timur-Melik condujo a los jovencitos ante el sha. Éste se inclinó hacia su hijo y le pellizcó afectuosamente la mejilla. En cuanto a su nieto, le preguntó con aspereza:
-¿Dónde está el kan Djelal ed-Din?
-Mi padre salió a cazar con sus halcones –dijo el muchacho.
Sus ojos negros miraban con desconfianza por debajo de su turbante blanco.
-¡Timur-Melik! ¡Envía jinetes en todas direcciones y que den con el Khan Djelal ed-Din! Los turcomanos continúan asaltando las caravanas. Pueden también sorprender a mi hijo.
-Así se hará señor.
Desde lo alto, como si viniera de una nube, se dejó oír una voz tenue, parecida a la de un niño:
-¡Bendito el que vela! Bienaventurado aquel que no duerme. El alto minarete, como una llamarada que se eleva hacia el cielo, se iluminó por su parte superior con un rosado rayo de sol que aparecía que aparecía detrás de las montañas lejanas. Todas las casas de la ciudad estaban aún sumidas en un crepúsculo brumoso. El mayor de los jóvenes kanes entregó la karezmsha un tambor. Mohammed exclamó:
¡Gloria al gran Iskander*! ¡Gloria al conquistador del mundo! Iskander atravesó todas las tierras de Irán hasta las riberas del Kjayhun y del Zeravchan**. ¡Iskander es para nosotros un ejemplo, él es nuestro maestro! ¡Cantemos a su gloria, entonemos tres veces, bien fuerte, una nuba***!
Los tamboriles y tambores comenzaron a redoblar, estalló el estrépito de los címbalos. Las largas trompetas rugieron con voz enronquecida y chillaron los flautines. Por tres veces, todos sonaron y retumbaron en honor al bravo macedonio. Cuando cayó y todavía resonaba el eco sordo en las altas torres del palacio, Timur-Melik exclamó:
-Hemos rendido los honores merecidos al gran rumí**** Iskander el mago. ¡Paz a sus cenizas! Debido a su juventud, no realizó nada más que la mitad de lo que se preparaba a hacer.
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* Iskander el Magno: Alejandro de Macedonia.
** Rivera de Oro: toma su fuente en la cresta de Guissar el sur de Samarcanda. Sus aguas irrigan artificialmente los campos de las regiones de Samarcanda y Bucara.
*** Composición musical solemne (serenata militar) de Alejandro de Macedonia: el sultán Mohammed la introdujo en los palacios de gobernadores de región.
**** Nombre dado por los moros a los cristianos. En este caso ser refiere a Alejandro.
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