
El lunes 10 de mayo dejó una triste noticia para el mundo de la ilustración y el cómic. El genio Frank Frazetta falleció a la edad de 82 años en Fort Myers (Florida, Estados Unidos). Frazetta comenzó muy pronto en el universo de la ilustración, destacando como una joven promesa que se afianzó en su carrera como uno de los más grandes nombres de la ilustración de la segunda mitad del siglo XX y, desde hace mucho tiempo, como uno de los mejores de todos los tiempos.
Frank Fazzeta (más tarde haría desaparecer una de las zetas) nació en Brooklyn, Nueva York, el 9 de febrero de 1928, siendo el mayor de cuatro hermanos y el único chico de la familia. Precoz, despierto, poseedor de un físico extremadamente atlético y dotado de talento artístico, Frank creció en un hogar siciliano muy unido a Brooklyn y tuvo una extraña mezcla de influencias. Admirador del Tarzán de Hal Foster y del Terry y los piratas de Milton Caniff, supo apreciar también la opera y las bellas artes, emprendiendo definitivamente su trabajo en el mundo del cómic, donde se diversificó en todos los géneros posibles; ‘western’, ciencia-ficción, historias de misterio y cualquier tema contemporáneo que le propusieran, ya fuera en D. S. Publishing, Magazine Enterprises y sus primeras grandes portadas para EC, Toby Press y Prize Publications. Se dice, incluso, que rechazó varias ofertas de la todopoderosa Disney. La serie de Li´l Abner de Al Capp, donde Frazetta ejerció de autor en la sombra, sus insuperables portadas de Buck Rogers para Famous Funnies, ilustraciones satíricas para la revista Playboy con ‘Li’l Annie Fannie’ gracias a la devoción por su trabajo por parte del gran Harvey Kurtzman, fueron algunos trabajos que acrecentaron su nombre y bagaje en un mundo de competencia y talento en los albores de los grandes nombres dentro del arte.
Frazetta pasará al Olimpo del arte como un irrepetible icono de la ilustración, dueño y señor de un estilo prodigioso y elegante, lleno de contundente acción y dinamismo, dotado de una influencia onírica que no impide el realismo de sus trazos con una plasmación anatómica perfecta, capaz de lograr atmósferas y sensaciones que recuerdan a los grandes maestros de la pintura clásica. Su dominio del dibujo, del color y de todos y cado uno de los efectos cromáticos, merece un destacado estudio y un privilegiado santuario de admiración incansable por parte de todos los amantes de la belleza artística. Admiradores de la obra de Frank comentaron haber estado influenciados por sus trabajos, tales como George Lucas y, actores y actrices famosos contaron con sus servicios como Bo Derek, aceptando pintar a Bo para el membrete de las cartas de su compañía o Clint Eastwood para realizar el cartel de su película The Geauntlet, en el que aparece con su compañera de reparto, Sondra Locke.
Frazetta marcaría un antes y un después cuando encontró la iconografía mitológica que reflejó en las cubiertas de tantos “covers” clásicos como los de Conan, Buck Rogers, Vampirella, Blazing Combat, Thunda, Tarzán, Flash Gordon y un largo etcétera que serían la inspiración directa de otros genios de la ilustración como Boris Vallejo, Jeff Jones, Simon Bisley, Bernie Wrightson… Cuando en 1962 Roy Krenkel le pide ayuda para acabar unas portadas para unos libros de Edgar Rice Burroughs para la editorial Ace Paperbacks, sus ilustraciones se hacen un reclamo comercial instantáneo. En los 70 y gracias a la serie de ‘Conan’, se venden miles de ejemplares con aficionados atraídos por sus cubiertas de los libros de Robert E. Howard y la prestigiosa revista American Artist rompió con su tradición y dedicó a Frazetta la portada del número de mayo de 1976: fue el único número que se agotó en los kioscos. Al parecer, esto no sentó bien a los pintores. Ese mismo año recibió el premio World Fantasy al «mejor artista».
Fue la época más gratificante para este genio artístico, puesto que todo tipo de pósters, porfolios, art-books, pictoriales, dibujos y sus series ilustraciones con algunas de las pin-ups más apetecibles e inalcanzables de la época dejaron un tránsito de éxito y fama para un ilustrador transformado en un autor de culto. La caricatura de Ringo Starr, los carteles de películas como ¿Qué tal, Pussycat?, After the Fox y sobre todo el de El baile de los Vampiros, de Roman Polanski también son trabajos reconocidos en la industria del ocio. En 1980 uniría su fuerza junto a otro maestro, Ralph Baski, para crear la mítica Tigra: hielo y fuego, cinta de animación envuelta en la magia de Frazetta. Fue un fracaso comercial absoluto, pues en los ochenta no poseían en su haber la tecnología de hoy en día, lo que no dejó que la estela de este genial dibujante no siguiera acaparando elogios por esa vida dedicada a su arte que fue recogida en esa trilogía fundamental sobre el genio: Icon: A retrospective by the Grand Master of Fantastic Art, Legacy: Selected paintings and drawings by the Grand Master of Fantastic Art y Testament: The life and art of Frank Frazetta, así como el documental Frazetta: Paining with fire, de Lance Laspina.
En los últimos años, además de sus problemas de salud acarreados por la exhalación de un aguarrás en mal estado allá por 1986 y que debilitaron la salud del artista todos estos años, las propiedades y el museo de Frazetta han sido motivo de disputa entre sus cuatro hijos tras la muerte de su esposa Ellie. Problemas que fueron subsanados con el comienzo de la venta de algunos de los originales más valorados de la colección personal de Frazetta. Se cuenta, como curiosidad, que el guitarrista de Metallica Kirk Hammett llegó a pagar 1.000.000 de dólares por su mítica obra Conan the Conqueror.
El gran genio nos ha dejado. Y con él una inmensa obra de grandísimo valor, de virtuosa maestría que se antoja muy difícil de superar. Nos ha dejado el que será maestro de maestros.
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