Teo Palacios nació en la ciudad de Dos Hermanas, Sevilla, en 1970.
Con estudios de Marketing y diseño, ha desarrollado su labor profesional como jefe de sección, director y subdirector regional en varias empresas.
Ha vivido en Cataluña y Galicia y, tras varios años alejado de sus orígenes, ahora reside nuevamente en su ciudad natal.
Comienza a escribir a principios del año 2007 y rápidamente consigue llamar la atención de la prestigiosa agencia literaria Sandra Bruna, que lo representa desde entonces.
Como autor cultiva varios géneros, siendo uno de sus favoritos la novela histórica.
Forma parte del comité organizador de las Jornadas de Literatura Fantástica de Dos Hermanas, evento que año tras año está alcanzando un amplio reconocimiento literario, y que reúne a grandes autores del panorama nacional.
Colabora como entrevistador y articulista con varias revistas: Cambio16, Cuadernos para el Diálogo y otras.
Además, imparte cursos y talleres de creación literaria.
La obra
La muerte del rey Teleclo, durante un festival en honor de Artemisa, desencadenó en el 735 a.C. una oleada de guerras devastadoras entre Mesenia y Esparta que se prolongaría durante casi ochenta años. Esparta inició entonces una etapa de esplendor social y cultural que la llevó a ser una de las ciudades más respetadas y temidas de su tiempo. Sin embargo, durante los reinados de Teopompo y Anaxándridas, mientras entre los habitantes de la polis se suceden las rebeliones y la familia real e desmorona trágicamente, el pueblo espartano se transformará, pasando a estar dominado por la formación militar, la austeridad y la dureza, de tal modo que incluso en nuestros días sigue siendo un referente.
En una espectacular novela que equilibra con extraordinaria solidez el fresco histórico, el relato de intrigas palaciegas y la novela de ideas, Teo Palacios nos ofrece una obra estremecedora en la que narra de modo magistral desde las batallas más multitudinarias a las escenas más intimistas, desde las luchas encarnizadas hasta los refinados debates de ideas, y todo ello en una prosa que brilla por su poderosa capacidad evocadora. Por fin, la novela definitiva sobre una cultura fascinante.
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La mañana amaneció clara y fresca, brillante, como si los dioses hubieran limpiado el cielo para contemplar lo que sucedía a sus pies. Una ligera brisa recorría los campos donde la hierba y las hojas eran mecidas por céfiro.
Al igual que las capas espartanas.
Anaxándridas contemplaba a sus hombres, formados en cuadros perfectos.
Los escudos embrazados.
Las lanzas prestas.
Los yelmos, calados.
El ánimo de los espartanos era la única incógnita para el rey, pues no podía leer en sus corazones.
Tan sólo podía exaltarlos.
—¡Hijos de Esparta! —Comenzó a gritar el rey a sus hombres—. Henos aquí, lejos de nuestros hogares. Henos aquí con espíritu presto y armas afiladas. Pues hemos venido, atravesando montañas abruptas y regiones feraces, a luchar por defender las tierras que nuestros padres conquistaron. Ellos, que lucharon mostrando el mismo espíritu de Heracles, nuestro antepasado, vertieron su sangre en estos campos mesenios para lograr las tierras que alimentan a nuestros hijos. ¿Quién, de entre todos los espartanos, permitirá que unos simples esclavos le arrebaten el pan a su prole? ¿No habrá en toda Lacedemonia hombres dispuestos a morir por cuidar del legado de sus antepasados?
Un rugido enorme surgió de la garganta de los millares de soldados espartanos congregados en la llanura.
Los ecos de su respuesta hicieron temblar la tierra.
Los dioses escuchaban desde el Olimpo.
—Puesto que estáis dispuestos a luchar, sigamos juntos los consejos del poeta: Que cada uno de vosotros siga firme sobre sus piernas abiertas, fijad en el suelo los pies y morded vuestro labio para aguantar con ardor. Cubríos bajo el escudo, protegiendo vuestros cuerpos. Empuñad con fuerza la lanza en vuestra diestra y que se agite sobre vuestra cabeza el temible airón. Esparta no tiene murallas de piedra y roca. ¡Vuestras lanzas son las murallas de Esparta! ¡Por el honor de Esparta! ¡Por los descendientes de Heracles!
El bramido espartano ensordeció a todos los presentes, llenando de temor a sus enemigos.
Miles de lanzas inventaron un nuevo sonido: el de la madera que chocaba contra el escudo sobre el que se apoyó cuando los hoplitas espartanos comenzaron su avance, atravesando la llanura.
Era un día de honor y gloria.
Era un día de metal y muerte.
Extracto de Hijos de Heracles, el nacimiento de Esparta
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_________________Entrevista
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Su formación académica abarca el Marketing y el diseño, ha desarrollado su labor profesional como jefe de sección, director y subdirector regional en varias empresas, ¿qué le llevó a adentrarse en el mundo de la escritura?
Teo Palacios
Escribo desde muy pequeño, pero nunca había intentado hacerlo de forma profesional. Cuando leí hace muchos años El Señor de los Anillos, pensé: “yo quiero hacer algo así”. Y empecé a hacerlo, pero cuando tenía escritos cuatro capítulos me dio un miedo terrible, porque el trabajo era inmenso y requería muchísimo tiempo. Así que abandoné la idea. Hace algo más de tres años, se dieron una serie de circunstancias que me permitían disfrutar de más tiempo. Reflexioné y me di cuenta de que no estaba haciendo con mi vida lo que quería, que era dedicarme a escribir, así que tomé una serie de decisiones y empecé a trabajar en firme. Desde entonces no he parado.
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Los lectores siempre se preguntan de dónde obtiene un autor sus ideas para escribir una novela. Yo quisiera ir más allá: ¿cuál fue el germen de Hijos de Heracles? ¿Cuáles fueron las bases documentales a las que recurrió para novelar la historia del nacimiento de Esparta?
Teo Palacios
Los clásicos siempre son una fuente de recursos impresionantes. Para esta novela leí Vida de Licurgo, de Plutarco, La República de los Lacedemonios, de Jenofonte, Historia de Grecia, de Pausanias, los Libros de la Historia, de Herodoto, etc… Por supuesto, recurrí también a especialistas actuales, como Pavel o Fornis. Éste último, además, fue de gran ayuda, pues contestó durante varios meses infinidad de consultas con una gran amabilidad. En total consulté unas treinta obras distintas de todo tipo. Pueden parecer pocas, pero, teniendo en cuenta que es una época tan remota que apenas se dispone de información sobre ella, el simple hecho de localizar algunas de esas fuentes fue una tarea titánica.
En cuanto al germen de la historia, Patricia Highsmith explica que en cualquier aspecto de la vida cotidiana puede encontrarse la chispa de una historia, y Stephen King le da la razón cuando narra que la idea para Carrie se le ocurrió cuando vio un expendedor de Tampax en un lavabo de señoras… En mi caso, no fue algo tan exótico. Todo empezó con el deseo de escribir una historia en la que dos hermanos muy distintos tuvieran que hacer frente a una sociedad dura y austera.
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Usted puntualiza en la nota previa a la novela, que la historia está basada en la hipótesis que cuestiona la realidad histórica de Licurgo, una propuesta tan arriesgada como valiente, ¿Qué le fascinó de este controvertido periodo histórico para escribir una novela sobre éste?
Teo Palacios
Fue fascinante descubrir que, en aquel tiempo, Esparta no se parecía en nada a lo que yo conocía. La imagen que nos ha llegado de ese pueblo es de dureza, de valor sin límite, de hazañas impresionantes como la de los tres mil que hicieron frente al ejército persa en las Termópilas. Pero nada de eso ocurría en la época en la que Transcurre Hijos de Heracles. Al contrario, Esparta perdió infinidad de batallas contra un pueblo inferior en número y peor armado. Había multitud de problemas internos, los habitantes de la ciudad llegaron a pasar necesidades, se endurecieron las leyes y hubo motines. Y, para rizar el rizo, Esparta era en aquel tiempo la Polis cultural por excelencia. En sus calles nació la lira, que más tarde se convirtió en el instrumento más representativo de Grecia, y sus poetas eran los mejores de su tiempo. Era un cocktail tan sorprendente, tan alejado de lo que se conoce a nivel general, que me sorprendió que nunca, nadie, hubiera contado nada sobre él. Para conocer las hazañas posteriores, para entender cómo aquella gente llegó a tener una cultura tan increíble, es necesario leer esta novela.
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Hijos de Heracles narra la vida de Teopompo, uno de los descendientes de la dinastía Euripóntida, y su línea sucesoria. La obra se asienta en un riguroso trabajo de documentación, ¿cómo fue ese trabajo previo a la redacción? ¿Cuánto tiempo le llevó?
Teo Palacios
Tal como mencionaba anteriormente, fue muy arduo. Apenas hay información sobre la época y los especialistas que escarban en la Historia para intentar hacer un poco de luz manejan teorías muy dispares. Esto supuso un problema añadido, pues ni siquiera están claras facetas tan básicas como la cronología de los hechos, por poner un ejemplo. Cuento un caso que puede ilustrar el asunto: conocía la existencia de un artículo sobre el modo, el ritual que se seguía, para llevar a cabo los enterramientos de los reyes espartanos. Intenté localizarlo de algún modo. Busqué en revistas especializadas, en bibliotecas, recurrí a internet… pero no había forma de encontrarlo. Finalmente localicé la revista en la que se había publicado varios años atrás. El siguiente paso fue intentar hablar con el responsable de la revista. Resultó ser un profesor de la Universidad de Alcalá de Henares. Me puse en contacto con él y le expliqué el caso, y me prometió que intentaría localizarme un ejemplar. Al fin, me envió una copia del artículo. Desde que supe de la existencia de ese trabajo hasta que lo tuve en mis manos, pasaron unos cuatro meses.
Las escenas en las que describe de vida de la familiar de Teopompo, y el desarrollo de la agogé por el que tienen que pasar sus dos descendientes, Anaxándridas y Arquidamo, son realmente espléndidas. De alguna forma, son las que consiguen redondear el relato y acercar a los personajes al lector ¿Le fue difícil insertar todas esas vivencias en la historia?
Teo Palacios
No, no fue especialmente difícil. Yo trabajo mucho la estructura del relato, lo que voy a ir contando en la novela, antes de sentarme realmente a escribir. Es más, dedico a eso tanto tiempo o más que al propio proceso de escritura del texto final. Para mí es totalmente necesario pues me ayuda a tener una visión previa de qué voy a contar y cómo voy a contarlo. De cualquier modo, en la novela histórica hay que ser muy equilibrado, manteniendo en su justa medida tres aspectos básicos: la ambientación histórica, los personajes y la historia que, como novelista, quieres contar, la que subyace en el texto, la que debe sacudir, interesar y emocionar al lector. El verdadero trabajo del escritor consiste en hilar bien esos tres aspectos, y hay que ser muy meticuloso a la hora de hacerlo. Es un trabajo lento y en el que a veces no logras avanzar del modo en el que quisieras, pero es maravilloso dar forma a una historia.
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Arquidamo, el segundo hijo de Teopompo es un personaje especialmente polémico debido a las contradicciones que hay sobre él. La narración que hace sobre su niñez y adolescencia tiene mucha fuerza, es un personaje que atrae enseguida nuestra atención, ¿No cree que era un hueco histórico magnifico para desarrollarlo todavía más y así ofrecer al lector una nueva perspectiva sobre él?
Teo Palacios
Muchos me preguntan qué pasa con Arquidamo, porqué “desaparece” de ese modo de la novela. No es, desde luego, un olvido ni nada parecido. Se trataba de ser fiel a la Historia dentro de lo posible. Esta era la primera novela histórica que escribía y es un género que inspira muchísimo respeto, de modo que no quería fabular demasiado. Arquidamo es un personaje especialmente polémico. No se sabe si murió antes que su padre, Teopompo, o si lo sucedió en el trono. Algunos incluso opinan que no era hijo de Teopompo, sino su nieto. Por ese motivo el hijo de Anaxándridas lleva ese mismo nombre, para intentar tener en cuenta todas las posibilidades. Como explicaba anteriormente, el trabajo de escribir una novela histórica es especialmente delicado. Con todo, la intención original era, sin embargo, escribir una serie de novelas ambientadas en ese periodo histórico en las que algunos personajes tendrían una relevancia mayor, aunque las dificultades que encontré al desarrollar la historia me hicieron aparcar la idea. Es posible que la retome más adelante.
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Tras la lectura de Hijos de Heracles es evidente que estamos ante una mezcla hábil entre personajes reales y ficticios, ¿resultó complicado no excederse en alguno de los dos sentidos y encontrar el equilibrio?
Teo Palacios
Vuelves a poner el dedo en la llaga, el equilibrio. Eso es importantísimo en una novela histórica. Todos esos aspectos los trabajo, tal como indicaba, antes de escribir el texto. Hago un resumen de cada capítulo en el que estudio todo cuanto ha de ocurrir, y evidentemente no todo pueden hacerlo los personajes históricos, siempre habrá momentos en que tenga que suceder algo ajeno a ellos, algo que hicieran personas reales que han quedado en el anonimato a lo largo de los siglos. Ahí es cuando hay que trabajar a los personajes secundarios, que tienen una importancia mayor de lo que muchos creen. Igual que una casa se sostiene gracias a los pilares maestros pero necesita los tabiques para separar cada habitación, una novela necesita de personajes secundarios que hagan avanzar la obra presentando nuevos nudos argumentales, nuevas situaciones. De todas formas hay mil maneras de escribir una novela histórica. Puede ser ambientada en un momento histórico, pero con personajes reales, puedes tomar un personaje histórico y colocarlo en una situación ficticia, o puedes narrar una historia real con personajes reales. Hijos de Heracles es este último caso.
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Supongo que como autor joven, siendo Hijos de Heracles su primera novela, debe haberle sorprendido la gran acogida que obtenido. La novela ya ha visto su segunda edición, ¿ha sido difícil el camino recorrido para llegar hasta aquí?, ¿en qué cree que puede basarse su éxito?
Teo Palacios
Yo me considero un privilegiado, pues las cosas están saliendo muy bien desde el principio y hay que saber agradecerlo y valorarlo. El mundo editorial es muy lento para el escritor que empieza, todo se mueve con mucha parsimonia y es habitual que, antes de contar con una editorial potente, tengas que haber tenido una trayectoria previa. En mi caso todo está funcionando a la perfección. Mi primera novela la ha publicado un sello de primer orden en su género, como es Edhasa, y además estoy representado por una de las agencias literarias más destacadas del país. Así que no puedo decir que, como escritor, las cosas me estén resultando difíciles. Difíciles son las decisiones, las renuncias que hay que hacer para dedicarse a este trabajo que es muy absorbente y requiere mucha dedicación.
En cuanto al éxito de la novela, creo que se debe a que narra una historia distinta, algo nuevo: periodo histórico nuevo, acontecimientos nuevos, personajes con muchísima fuerza… Los lectores se sorprenden al descubrir cómo era la vida en Esparta en aquella época y parece que he tenido la habilidad de recrear bien la época, por lo que las críticas y comentarios de los lectores están siendo excelentes. Desde luego, es el debut soñado.
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Usted forma parte del comité organizador de las Jornadas de Literatura Fantástica de Dos Hermanas, su ciudad natal, ¿qué opinión tiene sobre el estado actual de éste género?, ¿le ha seducido en algún momento la idea de escribir una novela fantástica?
Teo Palacios
Hay muchas personas que escriben fantasía en España, muchas más de las que podría parecer. Tal vez se deba a que es un género que necesita menos trabajo de documentación, menos complejidad, al depender en exclusiva de la imaginación del autor. Esto no significa que sea un género menor, al contrario, tiene un mérito enorme ser capaz de crear un mundo nuevo sin basarse en algo previo. Sí, he escrito fantasía, comencé escribiendo fantasía, pero creo que no es bueno ceñirse a un solo género literario, que es mucho más enriquecedor y sano ampliar horizontes.
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¿Tiene alguna novela planeada o en la que esté trabajando?, en caso de que así sea, ¿puede adelantarnos algo sobre ella?
Teo Palacios
Dispongo de varias novelas más escritas. Desde que comencé a escribir hasta que se publicó Hijos de Heracles transcurrieron tres años, y ese tiempo da para escribir mucho. Actualmente vuelvo a trabajar en una novela histórica ambientada en el S. XI. No puedo decir mucho sobre ella, excepto que tendrá mucha historia, unos personajes nuevamente impresionantes, aventura, viajes, batallas… Estoy disfrutando mucho con ella. Espero que los lectores le den la misma acogida que a Hijos de Heracles.
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Muchas gracias por atendernos. Esperamos pronto oír hablar de nuevo de usted.
Teo Palacios
Muchas gracias, espero poder estar de nuevo con vosotros dentro de poco.
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